ANALIZA DIFERENTES TEMAS GENERALMENTE POLÉMICOS DE NUESTRA FE CRISTIANA
PARA MOSTRAR SI TIENEN o NO SUSTENTO BÍBLICO.

"La pregunta principal que nos planteamos hoy es ¿cómo hablar de Dios en nuestro tiempo? ¿Cómo comunicar el Evangelio, para abrir caminos a su verdad salvífica en los corazones de nuestros contemporáneos, a menudo cerrados, y en sus mentes, a veces distraídas por tantos destellos de la sociedad?"... ..."La primera respuesta es que nosotros podemos hablar de Dios porque Dios ha hablado con nosotros", Benedicto XVI.
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AAA ¿Qué significa "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" de Jn 8, 32?


La verdad es la persona de Jesucristo, como El mismo lo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6)... "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y LA PALABRA ERA DIOS" (1, 1)... "Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros (1, 14)...

"Conocer la verdad" es entonces conocer a Jesucristo en persona, ser como El, reproducir su imagen en nosotros: "pues a los que de antemano conoció, también los predestinó A REPRODUCIR LA IMAGEN DE SU HIJO, para que fuera El el primogénito ENTRE MUCHOS HERMANOS" (Rom 8, 29).

Conocer la verdad entonces no es solo conocer intelectualmente aspectos de la vida de Jesús o de la fe al aprender unos versículos de la Biblia. Es ser como Cristo dentro de nosotros, reproducir su imagen. El es el modelo de hombre que reemplaza en nuestro interior a nuestro hombre viejo, el Adán con el que nacemos esclavos del pecado, modelo por el que llegamos a ser libres. La verdad es Jesucristo, no un Libro, aunque hable de El y de la fe. Por ello solo llegamos a ser verdaderamente libres cuando reproducimos su imagen en nosotros.

Jesús no es una ideología que se siga solo acatando las directrices de una palabra escrita, la que tiene un valor excepcional pero en la manos y la boca de Jesús que vive y está presente "todos los días hasta el fin del mundo" en su Iglesia, ante sus fieles, como El la proclamaba en la Sinagoga cuando dijo que "ésta Palabra se ha cumplido hoy" (Lc 4, 24) después de leer un párrafo de Isaías que lo anunciaba, lo que se vive hoy cada día en su única Iglesia; o debemos leerla particularmente pero en comunión con la Iglesia de Jesús: "Leer la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia" (CIC).

La Iglesia en nuestro Catecismo dice también, por que lo experimenta en la conversión o resurrección que vive en el corazón de cada uno de sus pastores, que "la Palabra está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos". Por ello dijo Jesús que "«Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas (solo) son las que dan testimonio de mí" (Jn 5, 39), para mostrarnos que la vida eterna no está en las Escrituras sino en El y está en su Iglesia. Por ello también dijo a los apóstoles: "Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado" (Lc 10, 16).

El Nuevo testamento revela que somos como El cuando Cristo vive en nosotros, como lo dijo Pablo: "con Cristo estoy crucificado y no soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20). Eso es vivir la Cruz y la resurrección de Cristo en nuestro interior...porque nos hemos unido a El desposándonos con Cristo ("ese es el sentido del verbo "conocer" en este texto de la Biblia, desposarse, hacerse uno con Cristo: "no la conoció hasta que dio a luz a su hijo", Mt 1, 25; ver también ).

Y nos desposamos con Cristo al recibir visiblemente su Espíritu como en Pentecostés lo recibieron los apóstoles (Hch 2, 1), y posteriormente los discípulos (10, 54; 19, 6) que lo siguieron como miembros en esa misma y única Iglesia que Cristo en persona formó hace dos mil años con los doce Apóstoles (2, 41-47).

Por ello "el mensaje de la verdad" es la predicación que directamente hizo Jesús a los Apóstoles (no el Evangelio escrito porque no existía escrito en época de Jesús), la que el Espíritu directamente le dictaba desde su Bautismo, y que los Apóstoles continuaron desde Pentecostés (2, 14ss).

Porque al predicarnos su única Iglesia es Jesús en persona quien nos predica como lo hizo con los Apóstoles, porque en sus miembros está resucitado y presente por su Espíritu Santo, que es por lo que dijo que quien los escuchaba a ellos, a los miembros de su iglesia, lo escuchaba a El, y que quien los rechazaba a ellos lo rechazaba a El (Lc 10, 16; ver Jn 17, 20-23; Mc 16, 15-16)...

Solo viviendo esa experiencia de unión real con Cristo es que somos libres porque Jesús en persona nos viene a liberar de la ley del pecado y de la muerte interior, espiritual, para llevarnos a una nueva vida en El, siendo guiados directamente por su Espíritu Santo (Hch 8, 29), que es quien nos hace hijos de Dios, como Cristo (Rom 8, 14)...
Eso es lo que nos diferencia de la Antigua Alianza, en que ya no somos guiados solo por la Ley escrita sino por Dios mismo: "He aquí que días vienen en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; Esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo", Jer 31, 31.33.

Ese es el nuevo nacimiento de que habló Jesús (Jn 3, 5) porque ya no nos conducimos por nuestra voluntad y deseos humanos ni por algo escrito sino por la voluntad de Dios dada directamente por su Espíritu después de recibirlo...

Eso es adorar “en Espíritu y Verdad” (Jn 4, 24) porque al recibir el Espíritu que Cristo recibió en su Bautismo (Mt 3, 13-17) somos como Cristo, y adoramos como Cristo, con su mismo Espíritu y en la misma verdad que es El mismo...

Por eso dijo Jesús que El es el único mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2, 5), que nadie va al Padre sino por El (Jn 14, 7), porque solo siendo nosotros como El es llegamos al Cielo, al Padre y a la salvación...

Y ser como El solo podemos vivirlo en la misma Iglesia única que Cristo en persona formó hace dos mil años porque solo en ella quedamos inmersos en el Bautismo, en el Agua viva del Espíritu Santo que solo la Iglesia recibió desde Pentecostés, para surgir de allí como personas nuevas cuando nosotros también lo recibamos.
Ese es el verdadero bautismo por inmersión que debemos vivir, sumergidos en la Iglesia. Por ello envió Jesús a su Iglesia ¡¡¡a bautizar!!! en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 18-20)... A bautizar no solo en el rito, sino en Espíritu (Hch 1, 5), para que lo recibamos como una experiencia real de vida, no imaginaria, y nos salvemos...

Por ello fuera de Ella no se puede experimentar ese Bautismo en Espíritu (Hch 1, 5), ni el conocer la verdad, ni nacer de nuevo...

Y quien se sale de la Iglesia seducido por vanas e ineficaces filosofías humanas en grupos recién formados por otras personas y no por Cristo, lo que hace es quedar al margen del Bautismo e interrumpir ese proceso de transformación interior en Cristo que ya haya recorrido, malogrando en verdad la recepción real del Espíritu y su salvación...